EL TERROIR

Cada edición de Vins de Taller es fruto de un largo proceso natural que combina varios factores: prácticas de viticultura y vinicultura propias, los varietales con que se han elaborado, el clima mediterráneo y el suelo donde se cultivan las cepas. Estas características únicas son las que conforman un terroir, nuestro terroir ampurdanés.

Los campos de Vins de Taller se encuentran en la Región III, según la escala vinícola de Winkler y Amerine. El viento natural de la zona es la tramontana ampurdanesa, que puede llegar a soplar por encima de los 120 km/h. Las temperaturas varían bastante entre el día y la noche, sobre todo en los viñedos del bosque, plantados con la variedad Malbec. La pluviometría es irregular a lo largo del año, típica del clima mediterráneo, y escasa en verano.

Geológicamente, nos situamos en la depresión del Empordà, de origen tectónico. Ésta está formada por un gran compartimento hundido en diferentes bloques por la acción de importantes fracturas (fallas), activadas hace 25 millones de años durante la etapa distensiva Neógena.

Asociadas a esta etapa están las manifestaciones volcánicas de Arenys d'Empordà, Vilamacolum, Pedret y Roses, que tuvieron lugar hace unos 10 millones de años.

El suelo de nuestros viñedos es álcali, con una textura franca, formada por un 47% de limo, un 36% de arena y un 17% de arcilla.

En Vins de Taller estamos convencidos de que los vinos de calidad provienen de un trabajo constante, que comienza desde el momento de plantar los campos. En nuestros viñedos, las cepas están plantadas densamente para conseguir una mayor competencia radicular entre ellos y, por tanto, la producción se limita de manera natural y es de una mayor calidad. El rendimiento medio calculado para las cepas de uva tinta es de 0,8 a 1 kg, y para los varietales blancos de 1,2 a 1,5 kg.

También practicamos la técnica de la cubierta vegetal en los caminos entre cepas, para mantener la humedad natural del suelo y garantizar la disponibilidad de agua. Nuestras cepas no disponen de ningún aporte suplementario de agua, por lo que se vuelven más resistentes a los golpes de calor, al tiempo que sus raíces penetran más profundamente en la tierra para buscar agua a más profundidad.

Cultivamos las cepas con espaldera para conseguir una mayor superficie de hoja y fruto expuestos al sol. Al captar más luz, el crecimiento de todos los órganos de la planta es más provechoso. Una vez los racimos de uva están formados, deshojamos una a una las cepas, eliminando las hojas basales y permitiendo que los frutos maduren a pleno sol.

 

 

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